El propietario de dos rottweilers que ayer a mediodía atacaron y causaron la muerte de una mujer de 53 años en el interior de una casa de Bajada Grande había sido denunciado varias veces por vecinos, por haber dejado a los animales en la calle, permitiendo así algunos ataques a otros canes y niños que transitan avenida Estrada. El juez Ricardo Bonazzola ordenó una autopsia para confirmar la causa de muerte y anoche se informó que analizaba la posibilidad de ordenar que se sacrifique a los perros, que fueron trasladados a una dependencia policial. El dueño declaró como testigo en la causa y dijo que la víctima era su novia.

Un hecho escalofriante ocurrió ayer a las 12.30 en una casa de calle Estrada al 3.000, a metros de cortada A, en barrio Bajada Grande de Paraná, donde una mujer de 53 años identificada como Susana Beatriz Proni falleció al ser atacada por dos perros –un macho y una hembra– raza rottweiler, que le desfiguraron el rostro y destrozaron el cuello, brazos y cuero cabelludo, informaron fuentes policiales.
“Es un cuadro espantoso. Es horrible como quedó esta mujer”, definió el juez de Instrucción Bonazzola al salir de la vivienda junto a personal policial, después de presenciar las pericias de Criminalística en el lugar del hecho.

Según pudo reconstruir la Policía, la víctima se encontraba en casa de Silvio Orlando Gaitán, de 61, con quien la unía una relación sentimental. “La mujer pasaba con Gaitán los fines de semana, y según el dueño, los animales la conocían y nunca había tenido problemas”, explicó una fuente policial consultada por EL DIARIO.
La misma fuente señaló que ayer de tarde Gaitán declaró como testigo por orden del juez, y aseguró que al mediodía salió de su casa a comprar el diario, comprar comida y realizar otros trámites personales. “Dejó sola a su novia en la casa, y al volver un rato más tarde la encontró muerta en el patio trasero de la casa, destrozada por los perros”, se detalló.
De todos modos, el juez ordenó el traslado del cuerpo a la morgue en Oro Verde para que se realice una autopsia y descartar cualquier otra hipótesis. “Por ahora es una muerte dudosa. El dueño de casa dice que la mujer tenía buena relación con los perros y que nunca hubo problemas, pero no podemos descartar nada antes de investigar” expresó el juez al salir de la vivienda, ubicada a menos de 100 metros de la comisaría de Bajada Grande.

REACCIÓN. Al cierre de esta edición, el comisario Ángel Ricle, jefe de la División Homicidios, informó que estaban recabando datos y tomando testimonio a vecinos de Gaitán y familiares de la víctima, que se domiciliaba en la zona de barrio Cuarteles y tenía dos hijos mayores de edad. Sobre el destino de los animales, el funcionario respondió que fueron dopados por el médico veterinario de la Policía y trasladados en dos caniles hasta la División Canes, y se aguarda que el juez ordene los pasos a seguir.
Otra fuente policial dejó trascender que Bonazzola analiza como posibilidad disponer que los perros sean sacrificados. Ese último informante agregó que en el lugar del crimen no se habrían encontrado indicios de otra causa de muerte diferente del ataque de los perros, que según su propietario eran bien tratados y alimentados. A la única explicación a la que habría arribado Gaitán en su declaración ante la policía es una reacción de celos del rottweiler macho: según su amo, el perro se mostraba enojado cuando observaba que alguien acariciaba o jugaba con la hembra.
Para conocer el horario del ataque fue fundamental el testimonio de los vecinos de Gaitán, de Avenida Estrada 3084, que a mediodía escucharon ruidos. La mujer oyó alaridos y ladridos, y le pareció que alguien gritaba “basta, basta”. Sin embargo, su marido minimizó el hecho, acostumbrado a los ruidos provocados por los rottweilers, y los chillidos de un loro paraguayo, también de propiedad de Gaitán, que imita voces humanas y, a su manera, suele entablar bulliciosos monólogos frente a los perros.

ACUSACIONES. Delante de la casa de Silvio Gaitán –más conocido en Bajada Grande como “el Chicharra”–, ayer a la tarde las camionetas de la Policía llamaron la atención de los vecinos, sobre todo, de los chicos que se juntaron a charlar en la vereda, junto a la parada de colectivos. Mientras varios efectivos de uniforme y delantal iban y venían debajo de los frondosos árboles del frente de la vivienda, los chicos aprovecharon la llegada de los medios para recordar que los rottweilers eran conocidos y temidos en calle Estrada.
Los canes permanecían encerrados detrás de un cerco, y el portón luce un cartel de alerta claro y contundente: “cuidado con el perro”. Pero los chicos de Bajada Grande afirman que “cuando Chicharra entraba o salía de la casa con la moto” los animales “aprovechaban el portón abierto y escapaban a la calle”. Según los niños –y también vecinos mayores que pidieron que no se los identifique ni se les saque fotos–, Gaitán nunca se preocupó por volver a encerrar a los canes, que una vez afuera, causaban problemas, persiguiendo a los chicos y agrediendo a otros animales. La reiteración del inconveniente llevó a “Chicharra” a enemistarse con varios vecinos. “A mi me mató una perra hace poco tiempo. Nosotros hicimos tres denuncias en la comisaría 11ª por el tema de los perros y él –por Gaitán–, se enojó con nosotros”, dijo una mujer domiciliada en Estrada, a metros del lugar del hecho, quien añadió que conoce que otros habitantes del lugar también hicieron reclamos en la seccional policial del barrio. “El problema son los chicos. Acá a una cuadra está la escuela y enfrente el club. Este lugar está siempre lleno de gurises y el peligro con esos animales es enorme. Todos se lo dicen pero el se enoja en lugar de tener más cuidado” agregó la entrevistada.

Responsabilidad civil y posible
reproche penal

El hecho lamentable de ayer, sumado al ataque de un perro de raza pitbull sufrido por un vecino en pleno centro de Paraná el viernes a la mañana y otros reiterados casos similares, conduce a preguntarse sobre la responsabilidad de los propietarios de estos animales.
Sobre el punto EL DIARIO consultó a Mariano Lino Churruarín, abogado especialista en Daños e integrante de la Cátedra de Responsabilidad Civil de la UCA.
El entrevistado indicó que “la responsabilidad civil es indudable. Vélez Sarsfield previó un capítulo completo del Código Civil, llamado De los daños causados por animales, donde se regula específicamente la responsabilidad del propietario de un animal doméstico o feroz que cause daños” recordó. La regla –del artículo 1124 del código– es que el dueño debe responder económicamente, y en los artículos siguientes se tratan eximientes de esa responsabilidad, tales como la culpa de un tercero que hubiera excitado al animal, la circunstancia de que el animal se hubiese soltado por una causa de fuerza mayor o caso fortuito, e incluso la hipótesis de la culpa de propia víctima.

Respecto de la responsabilidad penal, Churruarín indicó que podría darse en el caso un delito imprudente, pero aclaró que la suya “es una opinión en base a la información periodística” y que “corresponde al juez analizar bien las circunstancias particulares del caso”. El abogado mencionó que “si los perros fueron dejados en la casa con una persona que no era su amo, el magistrado seguramente tratará de investigar si se trataba de alguien lo suficientemente conocido por los perros, porque existe un deber de diligencia del dueño. Si era una persona conocida por los animales, que ya había quedado en la casa a solas con ellos, es posible que la imprudencia cese”. De todos modos, Churruarín acotó que todo ello “se dilucida con las pruebas que busque el juez para valorar si al dejar a la mujer sola en la casa se generó un riesgo o no. En estos casos lo que se tiene en cuenta es la previsibilidad: cuál era la peligrosidad de los perros, que según nuestra ley civil, son cosas (y en algunos casos cosas riesgosas), y el deber de vigilancia sobre ellas que tiene el dueño.

 

El Diario

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