La OMS reconoce al trastorno por videojuegos como un problema mental

Interés General 22 de diciembre de 2017
La Organización Mundial de la Salud reconoce los problemas asociados al juego digital como una patología mental y por primera vez formarán parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades.
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"¡Dejá eso y vení a comer!" o "¡Apagá la compu de una vez y andate a dormir!" resuenan de un lado. La respuesta, muchas veces es el silencio o bien: "¡Ya casi termino, es la última misión!" o "¡Ya voy, cinco minutos más!".

La escena en el hogar puede terminar bien, si el chico, adolescente o joven pone pausa en su videojuego y cumple con el llamado (a la realidad). O bien puede terminar mal, con una discusión de por medio y hasta el apagado abrupto de la computadora o consola de videojuego. O inclusive, el corte de luz hecho en la casa a propósito.

Los juegos de video ocupan gran parte de la vida de los menores. Pero puede llegar el momento en que dejan de ser una simple actividad de diversión para convertirse en un problema serio de adicción y aislamiento.

Y es por eso que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considerará por primera vez que el trastorno por videojuegos es una enfermedad mental. Y es que esta patología será incluida en la próxima edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11), que no se actualiza desde 1990.

Vladimir Poznyak, jefe del Departamento de Salud Mental de la OMS, adelantó a New Scientist que "los profesionales de la salud deben reconocer que los trastornos por videojuegos pueden tener consecuencias graves para la salud".

El especialista aclara que la mayoría de las personas que juegan videojuegos no sufre ningún trastorno, del mismo modo que la mayoría de las personas que beben alcohol tampoco.

Sin embargo, el comportamiento puede llegar a causar un deterioro significativo en las áreas de funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional u otras.

La OMS comenzó a considerar este trastorno hace una década y, tras años de trabajo con profesionales de salud mental, se decidió a reconocer el desorden oficialmente en su próximo manual de diagnóstico.

Este trastorno se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego "continuo o recurrente" y, si bien aún no se cierra su definición, la OMS lo vincula a tres condiciones negativas producidas por el abuso de las juegos digitales.

-En primer lugar, está la pérdida de control de la conducta en cuanto al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juego.

-En segundo lugar, también produce un aumento de la prioridad que se otorga a los juegos frente a otros intereses vitales y actividades diarias.

-Finalmente, el tercer aspecto dice relación con la escalada o mantención de esta conducta, pese a la ocurrencia de las otras dos consecuencias negativas.

La OMS informó que el nuevo informe ICD-11 estará listo en 2018 y remarcó un matiz: el trastorno por videojuegos no tendrá epígrafe específico, sino que aparecerá englobado en el más amplio de juegos digitales.

Un problema en alza

Computadoras, consolas o teléfonos celulares, cualquier dispositivo es válido para que chicos, adolescentes y también adultos se sientan atraídos por los videojuegos. Sin embargo, el simple pasatiempo puede mutar en problema cuando el usuario es capaz de dejar de lado sus estudios o la vida social y familiar para no interrumpir su juego.

"La esencia de los juegos es premiar la permanencia y el esfuerzo, dando recompensas en forma variable. Un mecanismo propio de -por ejemplo- las máquinas tragamonedas, que incita la compulsión y genera adicción en las personas más predispuestas. En pruebas de laboratorio con ratones, al enfrentarlos con una palanca que al usarse libera comida en cantidades aleatorias, la respuesta es la misma: la usan compulsivamente", explicó a Infobae el doctor Pedro Horvat, psiquiatra y psicoanalista.

Y agregó: "Los videojuegos no son la excepción. Los escenarios que plantean facilitan la inmersión en un mundo de fantasía. El usuario se identifica con situaciones y personajes a la vez que se va desconectando de la realidad. La música que se repite en loop y los efectos sonoros contribuyen al efecto hipnótico".

"La respuesta neuroquímica y psicológica son equivalentes en otros tipos de conductas que se terminan transformando en adicciones. Está comprobada la sensación placentera por la liberación de dopamina en el cerebro y la reducción de ansiedad ante la posibilidad de jugar. Ambas respuestas están presentes en todas las adicciones", puntualizó Horvat.

Para el experto, existe un perfil psicológico del propio adicto: "Las diferencias personales se evidencian en la elección del juego. Algunos, en los que básicamente se trata de matar encontrarán un ambiente propicio para la vehiculización de ansiedades relacionadas con sus dificultades en el manejo de la agresión. En los juegos de estrategia y construcción de mundos paralelos, la acumulación de riquezas, de herramientas mágicas o de rasgos de prestigio refuerzan defensas personales generando una ilusoria mejoría de la autoestima. Desde ya, las patologías disociativas, del espectro esquizoide o autista están en mayor riesgo".

En ese sentido el especialista señaló la importancia de observar algunos signos y síntomas específicos:

– Superar las 25-30 horas de juego semanal.
– Necesidad irresistible de jugar y/o respuestas emocionales intensas cuando esto no es posible.
– Debilitamiento del rendimiento escolar o laboral por el juego.
– Marcadas expresiones de ansiedad o euforia durante la actividad.
– Empobrecimiento de los vínculos sociales y de los intereses en general fuera del juego.
– Dificultades en el dormir u otros cambios de hábitos significativos.

En el informe previo de la OMS, se destaca que "los profesionales de la salud deben reconocer que el desorden en los juegos puede tener serias consecuencias para la salud. La mayoría de las personas que juegan a videojuegos no tienen un trastorno, al igual que la mayoría de las personas que beben alcohol tampoco tienen un trastorno. Sin embargo, en ciertas circunstancias, el uso excesivo puede generar efectos adversos".