Depresión, el mal silencioso que se convirtió en la pandemia del siglo XXI

Sociedad 13 de enero de 2020
Hoy 13 de enero se celebra el Día Mundial de la lucha contra esta enfermedad mental, que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo.
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Fue la OMS (Organización Mundial de la Salud) el organismo internacional que estableció el 13 de enero como Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una enfermedad mental con síntomas de variada índole, que está mucho más extendida de lo que parece y que sigue en aumento. 

La depresión afecta, según la entidad, a más de 300 millones de personas, y en la Argentina, la padecen 1 de cada 10 argentinos. Muchas de las personas afectadas por sus síntomas están sin diagnosticar y, por tanto, sin un tratamiento adecuado.  Actuar ante los primeros indicios es muy importante para evitar caer en una depresión mayor y que los desagradables síntomas que provoca la depresión se prolonguen en el tiempo.También según la OMS, es considerada una de las principales causas de discapacidad en el mundo.  

Quienes la padecen se enfrentan a síntomas variados, como tristeza, irritabilidad o pérdida del interés y del placer por las cosas que antes le generaban motivación. Además, dificultad para atender y concentrarse, disminución del nivel de energía, alteraciones en el sueño y el apetito, enlentecimiento psicomotriz, entre otros.

Si bien el rango de edad de mayor riesgo se encuentra entre los 30 y los 40 años y la padecen en mayor número las mujeres que los hombres, esta enfermedad afecta a personas de todas las edades y condiciones sociales. En población infantil mundial la OMS calcula que un 2% de los niños de 6 a 12 años sufre depresión, y en el caso de los preadolescentes de 12 a 14 años oscila entre el 4 y el 6%. 

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Si bien no se puede determinar una causa, existen múltiples factores que aumentan el riesgo de sufrir depresión. Entre ellos, los factores genéticos, los rasgos de la personalidad y eventos ambientales estresantes como las dificultades socioeconómicas, el abuso sexual, la escasa red social y familiar o la pérdida de seres queridos. Las enfermedades crónicas como las cardiopatías, el cáncer o cualquier condición que produzca dolor crónico también aumentan el riesgo de padecer depresión, de igual modo que el abuso de alcohol y otras sustancias.

La depresión es distinta de las variaciones habituales del estado de ánimo y de las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan cerca de 800 000 personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años. Aunque hay tratamientos eficaces para la depresión, más de la mitad de los afectados en todo el mundo (y más del 90% en muchos países) no recibe esos tratamientos. Entre los obstáculos a una atención eficaz se encuentran la falta de recursos y de personal sanitario capacitados, además de la estigmatización de los trastornos mentales y la evaluación clínica inexacta. 

Otra barrera para la atención eficaz es la evaluación errónea. En países de todo tipo de ingresos, las personas con depresión a menudo no son correctamente diagnosticadas, mientras que otras que en realidad no la padecen son a menudo diagnosticadas erróneamente y tratadas con antidepresivos. La carga mundial de depresión y de otros trastornos mentales está en aumento. En una resolución de la Asamblea Mundial de la Salud adoptada en mayo de 2013 se abogó por una respuesta integral y coordinada de los países al problema de los trastornos mentales. La depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial US$ 1 billón de dólares al año.

Tipos y síntomas

Dependiendo del número y de la intensidad de los síntomas, los episodios depresivos pueden clasificarse como leves, moderados o graves. Una distinción fundamental es la establecida entre la depresión en personas con y sin antecedentes de episodios maníacos. Ambos tipos de depresión pueden ser crónicos y recidivantes, especialmente cuando no se tratan. Los dos tipos undamentales son: Trastorno depresivo recurrente y Trastorno afectivo bipolar.

Factores contribuyentes y prevención

La depresión es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias vitales adversas (desempleo, luto, traumatismos psicológicos) tienen más probabilidades de sufrir depresión. A su vez, la depresión puede generar más estrés y disfunción, y empeorar la situación vital de la persona afectada y, por consiguiente, la propia depresión. Hay relaciones entre la depresión y la salud física; así, por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares pueden producir depresión, y viceversa, como se ve en la infografía inferior, con datos de la Fundación Favaloro y American Journal of Medicine.

Está demostrado que los programas de prevención reducen la depresión. Entre las estrategias comunitarias eficaces para prevenirla se encuentran los programas escolares para promover un modelo de pensamiento positivo entre los niños y adolescentes. Las intervenciones dirigidas a los padres de niños con problemas de conducta pueden reducir los síntomas depresivos de los padres y mejorar los resultados de sus hijos. Los programas de ejercicio para las personas mayores también pueden ser eficaces para prevenir la depresión.

Diagnóstico y tratamiento

Hay tratamientos eficaces para la depresión moderada y grave. Los profesionales sanitarios pueden ofrecer tratamientos psicológicos, como la activación conductual, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia interpersonal, o medicamentos antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los antidepresivos tricíclicos. 

Los profesionales sanitarios deben tener presentes los posibles efectos adversos de los antidepresivos, las posibilidades de llevar a cabo uno u otro tipo de intervención (por disponibilidad de conocimientos técnicos o del tratamiento en cuestión) y las preferencias individuales. Entre los diferentes tratamientos psicológicos a tener en cuenta se encuentran los cara a cara, individuales o en grupo, dispensados por profesionales o por terapeutas legos supervisados.

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Actitudes y actividades que pueden ayudar

Si creés que podés estar cayendo en una depresión o estás en riesgo de padecerla, lo más importante es que busques ayuda cuanto antes, primero en tu médico que te indicará qué hacer, a través de pequeños gestos diarios y apoyándote en las personas más cercanas. Consejos de la Sociedad Española de Psiquiatría.

Desahogate. Tanto si tu estado de tristeza está causado por algo concreto o no -una enfermedad, un divorcio, una pérdida, etc.- te ayudará mucho hablar de cómo te sientes con los más cercanos. Repasar experiencias dolorosas con alguien querido e incluso llorar es parte de la forma natural que tiene la mente de curarse.

Andá al psicólogo. La psicoterapia es muy útil en caso de depresiones leves y moderadas, pues ayuda a enfrentarnos a los pensamientos negativos, a conocernos a nosotros mismos, a afrontar ciertos problemas y a manejar la ansiedad y el estrés.

Hacé ejercicio. Mantenerse activo -sin agotarse- es esencial para alejar los pensamientos negativos. Además, está demostrado científicamente que el ejercicio físico, sobre todo al aire libre, es eficaz tanto para prevenir la depresión como para tratarla. Unas cinco horas de ejercicio aeróbico a la semana ayudan a regular los niveles de serotonina -cuyo déficit es común en la depresión- y estimula la liberación de endorfinas, la llamada ‘hormona de la felicidad’ por lo que incide en nuestro estado de ánimo. Además, puede ayudarnos a descansar mejor por la noche. 

Comé bien. La tristeza y la ansiedad pueden llevarnos a la pérdida de apetito y de peso, algo contraproducente en caso de depresión y que puede acrecentar los síntomas. Aunque no tengas hambre, no dejes de comer, sobre todo frutas y verduras frescas.

No bebas. Las personas que beben tienen un mayor riesgo de padecer depresión. Además, si bebemos estando deprimidos, corremos un mayor riesgo de convertirnos en adictos.

Salí a la calle. La falta de luz solar incide de manera negativa en nuestro estado de ánimo. De hecho, existe lo que se conoce como trastorno afectivo estacional, un tipo de depresión que aparece en otoño y se prolonga hasta el final del invierno debido a la falta de luz. Pasear a plena luz del día o, simplemente estar al aire libre ayudará a no tener ‘déficit lumínico’.

Practicá yoga o mindfulness. Estas disciplinas pueden ayudar a combatir los pensamientos negativos, a relajarnos, a combatir el estrés y la ansiedad, a vivir el momento presente y a regular los niveles de serotonina y dopamina.

No hacer nada no es una opción, pues, aunque 4 de cada 5 personas puede salir de una depresión sin tomar medicación o acudir a psicoterapia, está será más duradera y profunda si no actuamos. De hecho, una de cada cinco depresiones persiste después de dos años. Además, si tienes un episodio de depresión, tienes un 50% de probabilidades de padecer otro en el futuro.

No tengas miedo ni vergüenza​ de pedir ayuda. Estar deprimido o triste no te convierte en una persona débil o que no sabe afrontar los problemas.

(Fuente: Diario Perfil).

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