Macron cedió, los Chalecos Amarillos no y siguen en la ruta

Internacional 06 de diciembre de 2018
El presidente francés dejó en suspenso el aumento a los combustibles, pero no fue suficiente. “Esto será más fuerte que el Mayo del 68”, prometió un militante del movimiento de indignados franceses.
macron

Hay jubilados, artesanos, obreros, pequeñas empresarias y cuidadoras. Y todos de un mismo origen, la Francia rural y profunda, donde nació el movimiento contestatario de los Chalecos Amarillos que ha puesto en jaque al Gobierno francés.

Se llaman Michel, Marine, Dominic, Arnald o Marie. Tienen reivindicaciones dispares, pero les unen tres cosas: creen que pagan demasiados impuestos, sienten que su empobrecimiento es galopante y apuntan a un mismo culpable por sus males, el presidente Emmanuel Macron.

“Me gustaría verles a él y a (el primer ministro, Édouard) Philippe viviendo con 1.100 euros al mes (salario mínimo neto)”, dice Michel Arnald, un camionero especialmente activo en los “chalecos amarillos” de Le Puy en Velay, capital de un departamento en el centro de Francia.

Como Arnald —padre de cinco hijos y uno de los pocos manifestantes que accede a dar su nombre y apellido—, miles de habitantes de esta pintoresca y plácida localidad de unos 20.000 habitantes apoyan activamente la causa.

Desde el pasado 17 de noviembre, cuando se convocó la primera gran protesta nacional en las redes sociales, decenas de Chalecos Amarillos —llamados así por las prendas reflectantes obligatorias para los conductores— están apostados en las rotondas del municipio.

Comenzaron por su oposición a un aumento de los impuestos sobre el carburante, pero sus demandas son ahora más vastas: subida del salario mínimo, de las pensiones más bajas e incluso un cambio de régimen para funcionar con consultas populares, a la imagen de Suiza.

“Nadie nos moverá de aquí. Esto será más fuerte que Mayo del 68”, asegura Dominic, un jubilado de 61 años. Las medidas anunciadas por el Gobierno, entre ellas una moratoria del alza del impuestos de los carburantes, no frenará las protestas de los “chalecos amarillos” de Le Puy en Velay.

“Nos oyen, pero no nos escuchan. Esa moratoria anunciada es una broma. Creen que desinflarán el movimiento, pero no. Lo vamos a endurecer”, amenaza Dominic, padre de dos hijas y con una pensión de unos 1.600 euros después de haber cotizado durante 42 años.

Sienten que Macron los ataca con sus medidas para desincentivar el uso del vehículo. Los habitantes de Le Puy en Velay lo usan para todo en una zona en la que el transporte público es simbólico.

“Tengo que salir de casa a las 4.30 horas de la mañana. Hago 22 kilómetros hasta el hospital. Mi único recurso es el coche”, explicó Marie, una mujer de unos 50 años que trabaja como cuidadora.

El hartazgo contra la elite política y económica es palpable. Muchos han votado, aunque otros tantos se han abstenido de forma recurrente. Todos ellos se niegan a ser catalogados como de izquierda o de derechas y coinciden en denunciar a los partidos que quieren apropiarse del movimiento.

En el centro de la localidad, Marine, de 28 años y soltera, viste orgullosa un chaleco amarillo, hoy símbolo de una lucha social. No tuvo la oportunidad de estudiar y trabaja desde los 16 años. Desde empleada de limpieza hasta camarera, ha hecho de todo y siempre por el salario mínimo.

“Ahora estoy desde hace dos meses en el paro. Hay ofertas, pero ninguna te da estabilidad. No tenemos problemas por trabajar horas, pero queremos que el salario nos llegue para acabar el mes”, dice.

El Diario