Cerró para siempre el tradicional Cine Teatro “9 de Julio” de Urdinarrain

Entre Rios 13 de enero de 2019
El movimiento de las butacas y el salón vacío removió la nostalgia de los urdinarraenses que vivieron parte de su historia en ese lugar. Uno de sus dueños habló del dolor que le produce el adiós definitivo.
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Ya no se volverá a escuchar el ruido inconfundible de la gente ingresando a la sala, buscando su posición en las butacas rojas con asiento reclinable. Tampoco a los niños demorando su ingreso en el kiosco de entrada. Y mucho menos a aquel momento único del silencio al momento de comenzar la película, donde se escuchaba perfectamente el ruido del viejo proyector, pero también el asombro o las carcajadas de los que vivieron una experiencia en la sala.

Son historias, recuerdos, momentos únicos grabados en la memoria de los urdinarraenses que pasaron por el lugar, desde el más anciano hasta el más joven, porque cada uno tiene su propia cinta, su propia película en el Cine Teatro “9 de Julio”, que definitivamente cerró sus puertas.

Por eso la melancolía hoy toma vida al ver como una a una se retiran todas las butacas y el salón queda vacío y en gran silencio en su despedida. Se cierra por última vez el telón del teatro, llega el fin “sin continuará” de la última película. Esta vez sin aplausos al final, solo con las lágrimas de dolor que produce una despedida.

Ese dolor es el que mismo que siente José Ingrassia, que hoy carga 78 años sobre sus hombros y hoy recuerda junto a ElDía los momentos de gloria imborrables del cine en el cual trabajó su padre, Antonio Ingrassia.

“Lo construyó Constancio Meillard en la década del 30, y el ideólogo y el que proyectó toda la construcción del edificio fue Ricardo Roig. En ese entonces se proyectaban películas mudas, por lo que la sala se hizo sin tener en cuenta la acústica”, recuerda José.

“Mi padre se hizo cargo en el año 1951 y le llevó todo un año hacer las reformas para acondicionar la sala a la acústica de las películas sonoras. Puso un corrugado en la pared con una pasta que fabricó el mismo, al techo de madera le colocó cartones y telas que traían las botellas de sidra, las luminarias las realizó con latas de galletitas, todo artesanal porque era una pasión que tenía por el cine”, señala.

En la memoria del último propietario conviven un sinfín de anécdotas sobre el cine y los eventos que se realizaban en el lugar: “Era extraordinaria la cantidad de gente que venía, las radionovelas ‘Pichirica’, por ejemplo, eran a salas llena, y con quince días de anticipación la gente compraba las entradas. También se daban obras de teatro con la actuación de gente de Urdinarrain y se proyectaban hasta dos o tres películas por fin de semana, con matiné para los chicos los domingos en la cual se proyectaban series que tenían continuidad al otro domingo. Todas las funciones eran a sala llena”.

Además de la propaganda habitual con parlantes por la ciudad, había otro detalle: “La particularidad era que se tocaba una sirena, con tres toques, a las 20 empezaba y cada quince minutos se hacían un total de tres toques, todo para recordarle a la gente que a las 21 comenzaba la película. Esa misma sirena es la que está hoy en el cuartel de Bomberos y que ahora suena allí”, apunta José.

De los recuerdos también surgen anécdotas: “Se empezó con el cine mudo, con las películas de Chaplin, luego llegaron las películas habladas y la primera a color, que fue “Viaje a la Luna”. Además, era importante el rol del que pasaba las películas porque tenía que ir hilvanando los rollos e ir pasando la cinta por el proyector. También el cura del pueblo clasificaba las películas. Es decir él indicaba cual era conveniente, no conveniente, o prohibidas para menores. Y por ahí, cuando había una escena media fuerte el que pasaba las películas era el encargado de poner una pantalla delante del proyector para que no se viera”, recuerda entre risas José.

Sobre el anunciado final sostiene que “la realidad es que la televisión, de a poco, fue terminando con el cine. La gente fue dejando las salas de pueblos, como en el caso de Urdinarrain, y se fue terminando la asistencia”.

Además de las películas, en esa sala se realizaron por años las colaciones de egresados de escuelas y colegios, y también obras de teatro, como la recordada actuación de Tu Sam. Hasta veladas de boxeo con valores locales hubo en ese lugar.

“Sinceramente, es un dolor verlo ahora así, vacío. Pero es algo que hay que aceptar: la tecnología y el progreso avanzan, y hay que aceptarlo. Al igual que cuando llegó la decisión de venderlo, fue un gran dolor desprenderme del lugar, pero no había otra. La construcción en si estaba muy decaída y había que hacer muchas reformas, pero no teníamos los medios económicos para hacerlo. Además, los tiempos cambiaron: el lugar no tenía salida de emergencias, se modificaron las reglas de habilitaciones y todo se hizo muy difícil para continuar con un cine en ese lugar”

Hoy, la sala del cine quedó vacía, el actual propietario desde hace pocos años le dará otro destino al inmueble, por lo que ya se retiraron todas las butacas: “He pasado por el frente, he visto las butacas afuera, las toqué y mis hijas las olfateo. Me dijo enseguida todo lo que le recuerda al cine el olor de esos asientos, y la verdad que da tristeza”, cierra nostálgico el relato íntimo de su pasado que ya no volverá a ser presente.

El cine ya se había vendido hace algunos años, pero durante todo este tiempo el actual dueño mantenía su formato y hasta periódicamente se utilizaba. Actualmente, hace rato que está sin actividad. El salón tendrá otro destino, y esto generó el descontento de los vecinos en las redes sociales, que le reprocharon al municipio por no haber adquirido el inmueble, aunque la ironía está en que esos mismo que reclaman posiblemente sean los mismos que cuando aún quedaban unas pocas luces sobre el escenario no asistían a las funciones y la sala vacía ya era un negocio inviable. Tal vez hoy se comience a tener valor a eso que durante años se tuvo, pero se hará desde ese triste lugar en el cual se comienza a valorar verdaderamente algo cuando ya no está.