Mundial de Rusia: Prohíben los papelitos, las máscaras y las vuvuzelas

Mundial Rusia 2018 03 de junio de 2018
Un desafío impensado para la "banda quibondera": no se puede putear, ni pararse en la tribuna, ni llevar el termo para unos mates.
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En las canchas de Rusia han prohibido los barriletes y los avioncitos. No se especifica si la medida abarca a los “barriletes cósmicos”, ese viento inconquistable que avanza hacia el arco con la pelota al pie, pero el inciso 42 del capítulo 5 lo dice claramente: “No se permite a los espectadores introducir, poseer, llevar o usar en el estadio aparatos que planeen o se deslicen en el aire o modelos de los mismos (planeadores, drones, cometas, etc.)”.

Me pidieron que busque historias, contó el cronista de Clarín y aseguró: "apenas leí el Código de Conducta que regirá para los hinchasencontré una: ese listado es una colección de tarjetas rojas contra la forma de alentar que tenemos los argentinos".

Remóntense con la imaginación al Mundial '78, cancha de River, Clemente en el tablero electrónico, sale el equipo de Menotti y una lluvia de papelitos cubre de blanco las tribunas. Bueno, ahora no se hagan ilusiones, ni se les ocurra llevar a las canchas de Moscú, Nizhni Nóvgorod o San Petersburgo “grandes cantidades o rollos de papel”, porque el reglamento lo impide.

El inciso 15 también prohíbe las vuvuzelas, esas que tronaron como elefantes en Sudáfrica 2010. Y entonces, ¿qué corno podemos soplar para animar el partido? Se van a reír, pero justo“los cornos y las flautas” están permitidos, porque son considerados instrumentos para calmar a la multitud.

No se aclara si es por el mate, pero el apartado 23 cancela el paso a los estadios de “termos y frascos”, aunque sí se admiten los encendedores, que en los cacheos de Buenos Aires te hacen dejar.

Atentos acá, porque quizás haya decisiones arbitrales que no coincidan con nuestro punto de vista, fallos del VAR que anulen un gol fantástico de Messi o hinchadas rivales que nos recuerden las finales perdidas: en las canchas de Rusia no se puede putear, insinúa el reglamento.

Tampoco se pueden hacer gestos obscenos, ni rimas con “compadre”, ni apuntarle con un láser al arquero alemán: “Los espectadores no deberán insultar a otras personas (mediante pancartas, señas y otras formas de propaganda visual) ni realizar actividades que humillen o denigren a personas, su dignidad o su reputación”. Eso, la reputación.

Hay más: nadie se puede parar sobre la platea y tapar al espectador que está atrás, ni siquiera cuando Pavón desborde y el Pipita quede mano a mano con su destino. Lo dice el punto 4 del capítulo “Actos prohibidos”, que pone en peligro a las olas enfáticas, aunque no las que se hacen apenas con los brazos, bastante tristonas.

Tampoco se pueden usar máscaras (pobres mexicanos) ni disfraces que impidan la identificación de los rostros.

El Código de Conducta para el Mundial tiene un aspecto positivo: se propone combatir el racismo, la violencia y la discriminación.

Pero deja expuestos contrastes con el fútbol argentino. No se pueden revender entradas, ni pedir rublos para la birra, trepar vallas, invadir el campo de juego, “exhibir las partes íntimas del cuerpo” o “usar aparatos que produzcan ruido y puedan alterar el juego o distraer el interés de los partidos”, o sea silbatos de referí, eficaces para frenar contragolpes.

Entre tantas prohibiciones, “se excluyen aparatos aceptados universalmente que sirvan para apoyar a los jugadores”, así que preparen los bombos y las banderas. Ah, pero cuidado, las banderas no pueden medir más de 2 metros por 1,50.

Vale la pena leer completo este manual de buenos modales, sobre todo para gambetearlo. Thiago y Mateo, los hijos de Messi, ya le hicieron un ole, cuando cantaron “Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar, que esta banda quibondera, no te deja, no te deja calentar”.