Ex comisario condenado por su trato "amigable" con un narco prófugo, al que tenía de "datero"

Judiciales 03 de abril de 2022
El ex jefe de Operaciones de Toxicología, Mario Núñez, acordó tres años de prisión condicional por el encubrimiento del narco Mario González. Le suministraba información, pero debió haberlo entregado a la justicia.
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Si un policía se contacta con un narcotraficante prófugo, debe notificarlo inmediatamente a la Justicia para detenerlo, por más buen informante que fuera. En el caso del excomisario inspector Mario Alberto Núñez no fue así: tenía un trato telefónico frecuente y de confianza con el jefe de una organización narco que estaba con pedido de captura desde hacía varios años y lo mantuvo en secreto. Hasta que ese vínculo quedó registrado en escuchas telefónicas.

En un primer juicio Núñez fue absuelto por el beneficio de la duda. Luego ese fallo fue anulado por la Cámara Federal de Casación Penal, y ahora el expolicía de Toxicología prefirió acordar con la Fiscalía federal una condena de prisión condicional por el delito de Encubrimiento.

Esta historia comenzó en 2013, cuando detuvieron en la costa de Colón a un hombre a punto de zarpar en una lancha con un cargamento de drogas; y terminó menos de dos años después con el arresto de una banda que operaba en ciudades de la costa del río Uruguay hasta Buenos Aires. Y ventiló el escándalo por la presencia de cuatro funcionarios de fuerzas de seguridad cómplices de los narcos: el mencionado Núñez, y además dos policías federales y un efectivo de Gendarmería Nacional. Por eso se conoció como “Causa Narcopolicías”.

Demasiadas sospechas

La investigación se inició a raíz de que, en septiembre de 2013, Carlos Callero fue sorprendido cuando intentaba exportar 42 kilos de marihuana y 3,300 kilos de cocaína a la República Oriental del Uruguay. En virtud de ello, en octubre de ese año, personal de la Dirección Toxicológica de la Jefatura Departamental de Colón de la Policía de Entre Ríos y de la Subprefectura Naval de Colón iniciaron una pesquisa en la que se estableció que el detenido Callero estaba vinculado a Javier Caire y a otros miembros de la organización. En mayo de 2017, el juez federal Pablo Seró ordenó los allanamientos que culminaron con las detenciones de 14 personas.

En el primer juicio desarrollado en 2017 se expuso el contacto asiduo que mantenía Núñez con el Gordo González. El entonces comisario declaró y no negó que hablaba con Mario González. De hecho reconoció su voz en las grabaciones de las escuchas. Pero su argumento fue que, en los momentos de las conversaciones, no sabía que hablaba con el narco prófugo, sino que para él era un “datero” más, anónimo.

La conversación más comprometedora fue una en la que Núñez le preguntó al narco dónde estaba, y este le dijo “por tus pagos”. Es decir, González sabía que el policía era de Concordia, al igual que él. Además, el investigador de Toxicología Néstor Garzón le preguntaba a Núñez si sabía dónde estaba González, pero le decía que no sabía nada.

Otros de sus compañeros también ya venían sospechando de él. Por ejemplo, el comisario Alexis Rotundo declaró que advirtió en la investigación que Núñez pasaba información a los narcotraficantes; y José Laumann (actual subjefe de la Policía) refirió los paupérrimos resultados de allanamientos a vendedores de drogas, como el caso de Claudia Bernal (en Villa Mabel en Paraná), así como las intromisiones del comisario en el área de Inteligencia.

El fiscal general José Ignacio Candioti había pedido condenarlo, pero para el Tribunal Oral Federal de Paraná esto eran meros indicios en el marco de un conflicto interno que había en Toxicología. Por eso el policía resultó absuelto por el beneficio de la duda. En esa misma sentencia condenaron a nueve de los 14 procesados, entre ellos los dos principales narcos, González y Javier Caire, los dos policías federales y el gendarme.

La confesión

Luego del recurso presentado por la Fiscalía, la Cámara de Casación en Comodoro Py revocó la absolución a Núñez y ordenó un nuevo juicio. Transitar un debate y afrontar una pena de prisión efectiva resulta un trastorno para muchos imputados. Quizás Núñez podría haber defendido nuevamente su versión en otro juicio, pero ya no está en las mismas condiciones que en 2017, cuando en el primer debate decía que quería pasar a dedicarse a entrenar perros para detectar drogas en controles. Ahora ya está expulsado de la fuerza, sus plantes deben ser otros, y prefirió firmar un acuerdo con la Fiscalía.

El juicio abreviado se realizó en el Tribunal Oral Federal de Concepción del Uruguay, presidido por Sebastián Gallino. El fiscal ad hoc Juan Sebastián Podhainy y el defensor de Núñez, Juan José Buktenica, presentaron el acuerdo de tres años de prisión condicional por el delito de Encubrimiento calificado. El mismo fue homologado por el juez en una sentencia, donde afirmó: “Es indiscutible el vínculo entre Núñez y el condenado González. Ambos se llamaban y enviaban mensajes por teléfono, lo que constituye un claro indicio en contra de quien se desempeñaba en calidad de jefe de la División Operaciones de la Dirección Toxicología de la Policía de Entre Ríos. No es habitual que un jefe de Tóxico que cumpla su función de forma lícita, hable amigablemente con un traficante prófugo sin tratar de efectivizar su captura”.

Un jefe narco que podía infiltrar la fuerza que quisiera

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Mario González parecía tener demasiada suerte. Desde 2008 tenía un pedido de captura en una causa por narcotráfico, y cada vez que se ordenaba un allanamiento para su detención, no lo encontraban. Al parecer, esa suerte tenía su precio: había logrado tejer una buena relación con Núñez, quien llegó a ocupar la División Operaciones de la Dirección Toxicología.

Pero además, González supo armarse de buenos contactos en la Policía Federal: los sargentos José Gómez y Sergio García; y también de Carlos Acosta, un sargento del Escuadrón IV de Gendarmería.

La conversación telefónica que terminó llevando a Núñez a la condena fue una de abril de 2015 en la que González le pasó bastante información sobre distintos vendedores de droga de Concordia, hasta de un policía que iba a cobrar sus coimas diariamente. Y se revelaba el trato cordial entre ambos:

G: —Pero te digo tengo uno que entra y sale de ahí,y posta tiene ahí ahora en este momento tiene dos ladrillos, viste por que el loco bajo a guardar ahí si te sirve bien cualquier cosa te tiro .

N: —Listo.

G: —Si sé algo más...

N: —Listo gracias loco.

G: —Bueno carnal.

N: —¿Vos andás por acá por la zona o qué?

G: —Sí, por tus pagos.

N: —Ah listo, está.

G: —Si me necesitás para algo avísame.

N: —Sí, sí, está, al pelo.

G: —Un abrazo.

N: —Chau viejo, un abrazo.

(Diario Uno Entre Ríos)

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