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Propofol, fentanilo y muerte: el escándalo que sacude al sistema de salud

La muerte de una anestesista en Buenos Aires abrió una investigación sobre fiestas privadas, donde se usaban drogas de uso hospitalario, como propofol y fentanilo bajo supervisión médica.
Información General04 de abril de 2026
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La muerte de una anestesista en la ciudad de Buenos Aires abrió una investigación que expone un caso de alto impacto en el sistema de salud argentino: el uso recreativo de fármacos anestésicos hospitalarios en fiestas privadas organizadas por profesionales de la salud, conocidas como “Propofest”.

Según trascendió, en estos encuentros se consumían sustancias como propofol y fentanilo, dos drogas de uso estrictamente hospitalario que no se comercializan en farmacias y cuyo acceso está limitado a hospitales y sanatorios. Ambas eran ofrecidas bajo el concepto de “viajes controlados”, con presencia de médicos encargados de supervisar los efectos y la recuperación de quienes participaban.

El caso tomó estado público luego del fallecimiento de una médica anestesista, cuyo deceso aún se investiga para determinar si ocurrió en su domicilio del barrio porteño de Recoleta o si fue trasladada posteriormente al lugar donde fue hallada. A esto se sumó en las últimas horas la muerte de un enfermero, en circunstancias similares, lo que profundizó las sospechas sobre consumos problemáticos dentro de ciertos ámbitos sanitarios.

Uno de los puntos más delicados de la causa es el presunto robo de estas sustancias desde el Hospital Italiano de Buenos Aires, uno de los centros médicos más prestigiosos del país. También surgieron menciones a otros establecimientos de salud de alta complejidad.

El médico toxicólogo Daniel Gómez explicó que tanto el propofol como el fentanilo son medicamentos de trazabilidad estricta, ya que cada partida está identificada y destinada a instituciones específicas.

“El propofol y el fentanilo no se consiguen en farmacia. Son comprados directamente por hospitales y sanatorios, y cada partida permite saber exactamente de dónde salió”, detalló.

El especialista explicó que el propofol es un anestésico intravenoso de acción ultra rápida, que comienza a actuar en menos de un minuto y cuyo efecto dura pocos minutos. Habitualmente se utiliza junto con fentanilo, un potente analgésico opioide.

“El propofol no calma el dolor; por eso se combina con fentanilo, que sí es analgésico. Son drogas muy peligrosas si se administran fuera de un contexto controlado”, advirtió Gómez.

El toxicólogo recordó además que este tipo de sustancias ya habían estado en el centro de debates internacionales tras la muerte de Michael Jackson, vinculada al uso de propofol fuera de un entorno hospitalario.

“Estamos hablando de medicamentos extremadamente peligrosos. Incluso médicos que conocen perfectamente su uso han muerto por estas drogas”, señaló.

La situación también reavivó el debate sobre controles internos en hospitales y posibles testeos toxicológicos al personal médico. Gómez fue contundente al respecto: “En más de 40 años trabajando en hospitales, nunca vi que se hicieran controles antidoping a profesionales de la salud”, afirmó.

Aunque aclaró que no debe generalizarse la conducta a todo el sistema sanitario, reconoció que el caso genera preocupación porque pone en discusión la seguridad en ámbitos donde los pacientes depositan absoluta confianza.

La investigación judicial busca ahora determinar cómo se obtenían los fármacos, quiénes participaban de estas reuniones y si existía una red organizada de extracción ilegal de medicamentos de uso hospitalario, consignó Cadena3.

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