Algunas vacunas duran toda la vida, ¿por qué las del Covid-19 no?

Información General 21 de septiembre de 2021
En el caso de otras vacunas, los científicos ya tienen calculada una cifra crucial: el umbral de protección. Por qué ese dato de las vacunas contra el Covid-19 sigue siendo un misterio.
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¿Por qué las vacunas contra el Covid-19 no duran más?

La vacuna contra el sarampión dura toda la vida, la inmunización contra la varicela protege durante 10 a 20 años, y la antitetánica más de una década. Pero en Estados Unidos las autoridades están evaluando autorizar dosis de refuerzo contra el Covid-19 para los adultos ya vacunados, incluso apenas seis meses después de la inoculación inicial.

El objetivo de la vacuna es brindar la protección que ofrece el contagio natural, pero sin el riesgo de enfermar gravemente o morir.

“Lo que hace una buena vacuna es impedir el contagio por más que nos expongamos al virus”, dice Rustom Antia, profesor de biología de la Universidad Emory, que estudia las respuestas inmunológicas del cuerpo. “Pero no todas las vacunas cumplen con ese ideal.”

Los tres niveles de protección, dice Rustom, son protección total contra el contagio y transmisión, protección contra enfermedad grave y transmisión, o solo protección contra enfermar gravemente.

La efectividad depende de la magnitud de la respuesta inmunológica inducida por la vacuna, del tiempo que pasa hasta que los anticuerpos empiezan a disminuir, de la tendencia a mutar del virus o bacteria en cuestión, y de dónde se localiza la infección.

El umbral de inmunidad es el mínimo nivel de inmunidad necesario para no caer enfermo. Esa cifra es distinta para cada patógeno, y hasta cambia el método para determinarlo.

“Básicamente, esa cifra refleja los niveles de anticuerpos o anticuerpos neutralizantes por mililitro de sangre”, dice Mark Slifka, profesor de la Universidad de Ciencias de la Salud de Oregon.

(Las células T también aportan protección, pero los anticuerpos son más fáciles de medir).

En 1942, un par de investigadores alemanes se expusieron intencionalmente al tétanos para probar los hallazgos de estudios previos en animales, y así confirmaron que el umbral de anticuerpos contra dicha toxina es de 0,01 unidades internacionales por mililitro de sangre.

“Uno de ellos se inoculó a sí mismo dos dosis letales de tétanos en el muslo y controló lo que iba ocurriendo”, dice Slifka. “El otro se aplicó tres dosis letales.” Ninguno de los dos se enfermó.

El umbral para el sarampión se determinó en 1985, cuando los residentes de un campus universitario estuvieron expuestos a la enfermedad poco después de una campaña de donación de sangre. Los investigadores comprobaron las concentraciones de anticuerpos en las muestras de sangre donadas por los estudiantes e identificaron 0,02 unidades internacionales por mililitro como el nivel necesario para prevenir la infección.

Con estas enfermedades, la buena respuesta del cuerpo a las vacunas, sumada al bajo índice de disminución de los anticuerpos, garantizan una respuesta inmune prolongada. La disminución de los anticuerpos contra el sarampión es lenta. En el caso del tétanos, los anticuerpos caen más rápidamente, pero la vacuna hace que el cuerpo produzca mucho más de lo que necesita, contrarrestando esa disminución.

“Con el tétanos, la difteria, el sarampión y el vaccinia virus tenemos suerte, porque el umbral de protección ya fue identificado”, señala Slifka. Cuando se monitorea la disminución de anticuerpos a lo largo del tiempo, y se conoce el umbral de protección, es posible calcular la duración de la protección. Pero no conocemos el umbral de protección del Covid.

Las vacunas históricamente más eficaces han sido en base a virus atenuados, que básicamente generan inmunidad de por vida.

Las vacunas contra el sarampión y la varicela utilizan virus atenuados.

Las vacunas no atenuadas y las vacunas a base de proteínas (como la del tétanos) no duran tanto, pero su eficacia puede mejorarse con la adición de un adyuvante, una sustancia que potencia la respuesta del cuerpo.

Las vacunas contra el tétanos y la hepatitis A utilizan un adyuvante.

Las vacunas contra el Covid-19 de Johnson & Johnson y AstraZeneca usan adenovirus no atenuados y no contienen adyuvantes. Las vacunas de tecnología de ARN mensajero de Pfizer y Moderna funcionan de manera diferente y no contienen ningún virus.

Para complicar todavía más las cosas, los virus y bacterias que mutan para escapar de la respuesta inmunológica del cuerpo son más difíciles de controlar.

El sarampión, las paperas, la rubéola y la varicela casi no sufren mutaciones, pero del SARS-CoV-2, el virus que causa el Covid-19, ya se han encontrado al menos ocho variantes, según el British Medical Journal.

“Las mutaciones complican la efectividad de la vacuna, porque con el tiempo hay que perseguir múltiples objetivos a la vez”, dice Slifka. “La gripe también muta, y nos arreglamos haciendo una vacuna nueva todos los años que se asemeje lo más posible a la nueva cepa de gripe”.

Las vacunas contra la gripe pueden ofrecer protección durante al menos seis meses.

Más allá de las complejidades de crear una vacuna eficaz para combatir un virus tan cambiante, algunos alientan la esperanza de derrotar al Covid-19 alcanzando la ya legendaria “inmunidad de rebaño”, pero según el doctor Antia, en el caso de los coronavirus eso es difícil, por el modo en que infecta el cuerpo.

“En el caso de las enfermedades respiratorias, es muy improbable que las vacunas nos lleven hacia una inmunidad de rebaño que se sostenga en el tiempo”, dice Antia. “La inmunidad de rebaño solo dura un breve período de tiempo y depende de la velocidad de mutación del virus. Depende de qué tan rápido se esfume la inmunidad.”

Parte del problema es que los coronavirus se replican tanto en el tracto respiratorio superior como en el inferior.

“En nuestros pulmones y cuerpo tenemos buena circulación de anticuerpos, pero no en la superficie de nuestras fosas nasales”, dice Slifka. “Si logramos impedir los cuadros graves de la enfermedad, es gracias a los anticuerpos que hay en el tracto respiratorio inferior.”

Pero el riesgo de infecciones de baja intensidad en el tracto respiratorio superior igual persiste.

En el futuro, las vacunas Covid-19 se actualizarán periódicamente para combatir variantes del virus y, según los investigadores del Imperial College London, la próxima generación de vacunas también podría centrarse en potenciar la inmunidad en las mucosas que recubren la nariz y los pulmones.

Pero hasta entonces, para evitar a este sigiloso virus tal vez haga falta una tercera dosis.

La Nacion

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