El cura Mattiassi, en estado crítico

Entre Rios 15 de enero de 2023
Marcó su impronta en el departamento Paraná. A sus 90 años, está alojado en la Residencia Sacerdotal Jesús Buen Pastor, desde donde señalaron que los médicos no han dado muchas esperanzas.
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Es crítico el estado de salud del cura Orlando Antonio Mattiassi, un reconocido sacerdote en la región. El último comunicado señala que «clínicamente no hay nada para hacer, por lo que se decide junto con su familia trasladarlo a la Residencia donde permanecerá hasta que se cumpla la voluntad de Dios en él».

El lunes 9 de enero, hubo un pedido de oraciones por su salud desde la Residencia Sacerdotal Jesús Buen Pastor, adonde había sido alojado por razones de edad luego de dejar el servicio activo en la Iglesia.

El martes 10, había sido trasladado desde la Guardia del Hospital San Martín al Servicio de Terapia Intensiva del Hospital de la Baxada Teresa Ratto. El jueves 12, último parte médico del sacerdote, se dio cuenta de que se encontraba estable «con leve mejoría pero hay que seguir esperando su evolución».

Ahora, Mattiassi , de 90 años, volvió a ser ingresado a la Residencia Sacerdotal, y allí está. «Su situación es delicada», dicen desde la Iglesia.

El cura supo marcar una época en la Iglesia de Paraná desde que fue designado en la parroquia Inmaculado Corazón de María, de Bajada Grande: allí formaría lo que él mismo denominó «su imperio». Creó FM Corazón -ahora bajo la órbita del Arzobispado-, dio vida aquí a la corriente católica de raíz pentecostal Renovación Carismática, llenó estadios con sus misas de sanación e imaginó levantar la cruz más alta de Sudamérica en el denominado Prado de la Cruz.

Su personalidad extrovertida y sus modales un poco ariscos le valieron no pocos enemigos. Hasta llegó a estar enemistado con el arzobispo Estanislao Karlic.

-¿En algo se equivocó? -le preguntaron alguna vez.

-Hay pecados, sí. Rebeldías, enojos, un poco de vanidad. A veces me salía la hilacha, en ciertas expresiones. Yo sé que eso producía un escozor. Pero si no estimulas así, no sé cómo estimular.

-¿Tuvo diferencias con Karlic?

-Hubo desencuentros. La radio molestó. Los seminarios de vida en los clubes, también molestaron.

La estrella que se apaga

En 2010, el Arzobispado lo retiró de la vida activa y designó un reemplazo en Bajada Grande: Mario Taborda.

Mattiassi siguió viviendo en la casa parroquial y su relación con los sacerdotes que lo sucedieron ni fue ni buena ni tranquila. Su personalidad arrolladora y sus problemas de salud comenzaron a jugarle en contra.

En abril último Entre Ríos Ahora contó  que un grupo de fieles de la parroquia Inmaculado Corazón de María, de Bajada Grande, le pidió  al arzobispo Juan Alberto Puiggari que visite el templo e intervenga ante la situación de deterioro en que se encuentra el cura Orlando Mattiassi, que reside en ese lugar desde que llegó, en 1976.

«Algunos miembros de la comunidad de la Parroquia Inmaculado Corazón de María nos dirigimos a Usted para invitarlo a venir a nuestra iglesia y poder así contarle de un tema que nos angustia, nos supera y es la salud del Padre Orlando», decía el texto de la nota que pusieron en manos de Puiggari.

La nota de los fieles entregada a Puiggari señalaba: «Pedimos como comunidad que un equipo de personas especializadas pueda hacer la contención y cuidados necesarios para que el Padre Orlando no siga deteriorándose, por él y por la comunidad que ve con tristeza el mal trato que tiene con los sacerdotes que han vivido en la casa, el Padre Mario, el Padre Lalo y ahora el Padre Tito», en referencia a los tres párrocos que sucedieron a Mattiassi luego de su retiro, en 2010: Mario Taborda, Eduardo Jacob y Héctor Albornoz, que llegó este año.

«Es una parroquia pequeña, donde somos pocos los comprometidos, estas actitudes alejan a quienes queremos acercar. Los sacerdotes que han pasado por nuestra iglesia han tratado en todo momento de llegar a mas lugares de este barrio que crece cada vez más, todo ese esfuerzo se pierde con estas actitudes que nos dividen y nos separan», se planteó en esa carta a Puiggari.

Pocos meses después, Mattiassi fue ingresado a la Residencia Sacerdotal Jesús Buen Pastor, que funciona en calle Italia, de Paraná, consignó Entre Ríos Ahora.

Su historia

Mattiassi nació el 30 de octubre de 1932 en Colonia La Argentina, Federación, en el seno de una familia numerosa: 14 hermanos.

Alguna vez se permitió hablar de su vida, durante un extenso reportaje que concedió a El Diario.

-¿Siempre se portó bien siendo cura?

-Sí, totalmente. Un santo varón.

-¿Nunca tuvo novia?

-No, solamente en la escuela primaria, como todos.

Entró en los claustros de la Iglesia cuando todavía no sabía qué se amasaba al otro lado de su calle, en el mundo. No sabía qué era eso de vivir como un hombre más, sin horarios ni misal, sin reglamentos ni regímenes. Tenía once años cuando se fue con los curas de Don Bosco, los salesianos, y no se iría sino hasta cumplir los 40, el primero y único de sus quiebres con la vocación. Se fue dando un portazo y con una pátina de amargura en el alma que todavía le dura.

-¿Qué pasó, por qué se fue?

-Bueno, es una historia larga para contarla. Tuve que salir, yo pedí salir de la orden de los salesianos. Pasó que me enamoré de una mujer, y entonces dije no, esto no puede funcionar así. En ese momento era demasiado meticuloso como para seguir con las dos cosas. Y ningún sacerdote superior vino a decirme, pará, esto no es para tanto, esto pasa, esto va a pasar. No escuché esa voz. Solamente un solo sacerdote vino a darme un abrazo cuando me fui de Corrientes a Buenos Aires. Todavía siento el abrazo. Era un sacerdote seco, descendiente de ucraniano. Su abrazo fue como un apoyo en la espalda. El único que me despidió. El único afecto que me dieron.

-¿Qué pasó con esa mujer?

-Se perdió en la montonera.

A Bajada Grande llegó en 1976, luego de su exclaustración de los salesianos. Vivió un tiempo en el mundo, y al cabo de un año volvió a calzarse la sotana. Se fue en 1972, volvió en 1973, y al año siguiente ya tenía destino pastoral como cura diocesano: el entonces arzobispo de Paraná, Adolfo Tortolo, lo envió a La Paz, y allá estuvo un tiempo corto. El 3 de abril de 1976 se produjo el desembarco en Bajada Grande.

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