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Crudo testimonio de choferes de ambulancias de Gualeguaychú: "Es muy duro ver como llegan los coches fúnebres"

Entre Rios 23 de agosto de 2020
Marcelo, Horacio y Nicolás son los tres choferes que están a cargo de las dos ambulancias dispuestas exclusivamente para el traslado de pacientes con coronavirus o síntomas de la enfermedad. Duplicaron sus horas de guardia y contaron cómo la situación toca de cerca sus sentimientos.
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Marcelo, Horacio y Nicolás están a cargo de las dos ambulancias que el Hospital Centenario destina exclusivamente para el traslado de pacientes con coronavirus o con síntomas. Su labor se multiplicó exponencialmente en las últimas semanas. "Sabemos cuándo empieza nuestro turno, pero nunca cuándo termina", contaron, en diálogo con Luciano Peralta, del diario El Día.

“Recién después de cinco meses de cuarentena Gualeguaychú empieza a recibir los duros golpes de una situación cansadora, desgastante, insoportable para todos. Los muertos que veíamos en los medios de comunicación nacionales ya los contamos en la ciudad, y los contagiados se multiplican, ahora sí, como en pandemia. El aislamiento cansa, el barbijo molesta, los afectos lejos duelen más que nada. Pero más duele la desesperanza, el agotamiento y los coches fúnebres que, ahora sí, empiezan a ser una postal, tan trágica como real, en los ingresos al Hospital Centenario”, describe Peralta.

Marcelo, Horacio y Nicolás son los tres choferes que están a cargo de las dos ambulancias dispuestas exclusivamente para el traslado de pacientes con coronavirus o síntomas de la enfermedad.

“Hace 27 años que trabajo en el Hospital; de chofer, desde el 2013. Con el tema Covid, desde el primer día soy parte del equipo. En principio, íbamos al domicilio del paciente junto al médico y se lo hisopaba ahí. Pero después, al crearse el consultorio de febriles, los traemos directamente al hospital”, cuenta Marcelo, el más experimentado del reducido equipo y, según sus compañeros, el líder.

“La cosa fue cambiando. El primer mes tuvimos dos domicilios, nada más. Al paciente se lo hisopaba todas las semanas, después cada 15 días. La cantidad de viajes también cambió: ahora estamos haciendo entre 40 y hasta 50 viajes por día entre las dos ambulancias. A veces no damos abasto”, reconoce.

“Los adolescentes, que andan en la calle, que no le dan bola (a la situación), siguen con el tema de las peñas, las juntadas, el mate. Esos mismos chicos después van a sus casas, con sus papás, con sus abuelos, sus tíos, y es ahí donde empieza la cadena de contagios. Pienso que hay que ponerle un poquito más de ímpetu a la juventud. Esto no tiene edad, cualquiera que no se cuide se contagia”, sostiene el chofer que, al igual que sus compañeros, traslada a muchos jóvenes -de entre 15 y 30 años- todos los días.

En tantos años de experiencia en el Hospital, Marcelo ha vivido “de todo”, cosas buenas y cosas malas, de las que abundan en un nosocomio. Pero “siempre pila”, levanta, y aunque su rostro permanece tapado todo el tiempo por un barbijo, se le nota que sonríe.

Aunque su turno es de 9 horas -era de 7 antes de la emergencia-, Marcelo hace entre 12 y 18, sobre todo los sábados. De hecho, el día de la entrevista (el último viernes) llevaba más de 24 horas en el hospital. “Entré ayer a las 15; anoche me quedé a dormir acá, tenemos una habitación para los choferes, y a las 6 me levanté a empezar mi turno. Ahora son 15.30 y me voy a quedar acompañando a mis compañeros hasta la tardecita seguro”, comparte. Y cierra con una emocionante anécdota: “El otro día, trasladé a un paciente que iba a seguir el aislamiento en domicilio. Me pidió una gauchada, que pasemos por la casa para ver a su familia, a sus hijos. ¿Qué le voy a decir? Pasamos, estacioné la ambulancia del lado del vidrio para que lo saluden; estaba su esposa y sus hijitos; él, siempre arriba de la ambulancia. Imaginate”.

“Hace cuatro años que soy chofer de ambulancia. Antes de la pandemia nos dedicábamos a los traslados de pacientes que se tenían que hacerse estudios como tomografías o resonancias en los centros asistenciales de Gualeguaychú. Ahora estamos dedicados de lleno a los pacientes Covid. Todos los días, el operador del 107 nos indica si vamos a domicilio, al consultorio febril, al hotel o a otro centro, y nosotros cumplimos en llevarlo”, describe Horacio, el más grande del equipo, minutos después de bajarse de la ambulancia, en el ingreso de la calle Pasteur.

Sobre los cuidados de cada caso, detalló cada elemento de protección, la higiene permanente, y la necesidad de “no tener contacto con el paciente, mantener la distancia, y todas las precauciones posibles”. Si bien es cierto que “en ningún momento pensábamos en vivir una situación como está, en la que tenemos que aislar a mamás con bebés o hijos chiquitos, hay que darle para adelante”.

“Hay días que desde que entrás hasta que salís, no parás un minuto. Sabemos cuándo empieza nuestro turno, pero nunca cuándo termina. Es desgastante, pero lo fundamental es tener mucha calma y la cabeza tranquila, después, lo demás, Dios dirá”, sentencia, como pidiéndole al cielo.

Nicolás es el más chico del equipo, apenas tiene 25 años, pero ya suma seis como empleado de la institución de salud pública, una de las cuatro más importante de Entre Ríos. “Entré como seguridad, pero hoy estoy en el servicio de traslado de emergencia y Covid”, se presenta.

“Llegamos a estar 12 horas en servicio, siempre pensando en los compañeros, no es buenos estar en este lugar. Pero no todo es feo, por ejemplo, cuando damos un alta, el ver a la familia esperando al paciente, recibiéndolo con flores, con besos y abrazos, eso te van quedando en la cabeza y es lo que te ayuda a seguir”, asume.

¿Y con la familia propia? “Es lo más difícil”, contesta y se le cristalizan los ojos. “Yo me aislé, porque los chicos no tienen la culpa y no quiero contagiarlos, no me lo podría perdonar”, dice el papá de Valentina, su hija de 9 meses, a la que no ve hace casi cien días.

“Solamente pensar y saber que está bien, lo demás es esperar que pase todo esto. Es duro, pero saber que están bien es lo mejor”, asegura mientras se acomoda el tapabocas.

Nicolás es totalmente consciente que cada vez la situación se vuelve más difícil. Y no es que alguien se lo contó o que lee la realidad a través de las redes sociales. Nicolás cuenta pacientes contagiados todos los días, y cada vez son más.

“Es difícil, sí. Pero sabemos lo que hay que hacer, cuidarnos, tomar consciencia… esto no es un juego, esto se ve feo. Sentarte acá y ver cómo llegan las ambulancias, como llegan los coches fúnebres, es muy duro”, resume, con la crudeza de quien es testigo directo de una realidad cada vez más preocupante.



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