
De los campos de batalla de Europa al abrazo con Juan Pablo II en Paraná: la historia del polaco que eligió Crespo como su segunda patria
Estación Plus Crespo
El 9 de abril de 1987, durante la segunda visita de Juan Pablo II a nuestro país, el inmigrante polaco Micieslao Trembecki tuvo la oportunidad de saludarlo y compartir unos instantes con él en Paraná. Dos hombres nacidos en Polonia, atravesados por una historia común y unidos, por unos segundos, en un abrazo.
Un encuentro que el tiempo no pudo borrar
Hay momentos en la vida de las personas que quedan guardados para siempre. Algunos adquieren una dimensión todavía mayor cuando, con el paso de los años, se convierten en parte de la historia de una comunidad.
El 9 de abril de 1987, Paraná recibió la visita del papa Juan Pablo II. Era la segunda vez que el Pontífice llegaba a la Argentina y, entre las actividades previstas en su recorrido, estaba una celebración dedicada especialmente al mundo de los inmigrantes.
En aquella jornada, entre los representantes de las distintas colectividades que participaron del encuentro, estaba Micieslao Trembecki, un inmigrante polaco radicado en Crespo, que tuvo la oportunidad de acercarse al Santo Padre a entregarle un obsequio.
Cuando ambos se encontraron, se dieron un abrazo e intercambiaron algunas palabras al oído. ¿Qué se habrán dicho? ¿Qué habrá pasado por sus pensamientos en aquellos breves instantes? ¿Hablarían en polaco? ¿Se habrán reconocido en las vivencias de una tierra que los vio nacer y que, por distintas circunstancias, ambos debieron dejar?
Seguramente no fue solamente el abrazo de un Papa a uno de sus fieles. Fue también el encuentro de dos hijos de una misma tierra: Polonia. Uno, Micieslao, había emigrado buscando nuevos horizontes después de atravesar los horrores de la guerra. El otro, Karol Wojtyla, había salido de su país para convertirse en la máxima autoridad de la Iglesia católica.
Aquella imagen tiene una dimensión humana muy particular. Un hombre que había conocido la persecución, los campos de concentración, los frentes de batalla y el desarraigo se encontraba frente a otro polaco que había llegado a ocupar uno de los lugares más importantes del mundo religioso.
A pocos días de la visita del papa León XIV a la Argentina, Estación Plus Crespo considera oportuno recuperar esta historia y traerla a la actualidad. No solamente por el significado religioso de aquel acontecimiento, sino porque uno de sus protagonistas fue un vecino de nuestra ciudad, cuya trayectoria merece ser conocida por las nuevas generaciones.

La segunda visita de Juan Pablo II y su paso por Paraná
Juan Pablo II llegó a Paraná el jueves 9 de abril de 1987, alrededor de las 17:00, en una tarde soleada. La capital entrerriana fue una de las escalas de su segunda visita apostólica a la Argentina, cientos de crespenses viajaron a presenciar la histórica visita y miles de entrerrianos y santafecinos fueron parte de esa multitudinaria postal.
El acto central se desarrolló en el Aeropuerto de Paraná, donde se congregó una multitud para participar de la celebración de la Palabra y escuchar al Pontífice.
La ceremonia estuvo dedicada al tema «El mundo y los inmigrantes», una elección que tenía un profundo significado para una provincia y un país cuya identidad se construyó, en buena medida, con el aporte de hombres y mujeres llegados desde diferentes lugares del mundo.
Juan Pablo II destacó el carácter hospitalario de la Argentina y reconoció la contribución de quienes habían dejado su tierra natal para comenzar una nueva vida.
En su homilía expresó:
También recordó que quienes llegaron desde otros países no solamente encontraron una nueva patria, sino que aportaron a ella la herencia de sus lugares de origen.
El mensaje del Papa fue más allá del reconocimiento histórico. Invitó a mantener una actitud de apertura y hospitalidad hacia quienes llegaban en busca de oportunidades, independientemente de su procedencia.
«El corazón de los argentinos no debe cambiar», expresó, al convocar a recibir a los inmigrantes y evitar que existieran ciudadanos de segunda clase.
Aquella celebración tuvo una participación especial de las colectividades, cuyos representantes fueron recibidos en el marco de la visita papal. Entre ellos se encontraba Micieslao Trembecki, quien había trabajado para reunir a las distintas comunidades de inmigrantes.

Trembecki, el hombre que había sobrevivido a la guerra
Para comprender la dimensión de aquel abrazo en Paraná es necesario conocer la historia personal de Micieslao Trembecki.
Había nacido en Polonia y su juventud estuvo marcada por uno de los períodos más dramáticos de la historia europea. Fue combatiente de la Segunda Guerra Mundial y padeció directamente las consecuencias de la invasión alemana y la ocupación soviética.
En una entrevista periodística realizada durante la década de 1990, cuyas declaraciones fueron conservadas en un recorte que la familia Trembecki facilitó a Estación Plus Crespo, contó en primera persona las circunstancias que lo llevaron a abandonar su país.
Al preguntarle cuándo y por qué había llegado a la Argentina, respondió:
«Yo era excombatiente de la Segunda Guerra Mundial. Cuando terminó la guerra, mi ejército se desmovilizó en Italia. Me casé con una italiana, por eso me dicen Don Nicola. Viví cuatro años en Italia».
Y comenzó a reconstruir una historia que había empezado mucho antes de su llegada a nuestro país.
«Me crié bajo dominio ruso, en Wolin, una pequeña aldea de agricultores. Cuando en 1939 Alemania invade Polonia, un pacto con Rusia dividió Polonia por la mitad. Nuestra aldea quedó bajo dominio ruso».

Hitler invade Polonia, comienza la II Guerra Mundial
Después relató uno de los episodios más dolorosos de su vida:
La deportación de aquellas familias fue el comienzo de un largo peregrinar que lo llevaría a recorrer distintos países y escenarios de la guerra.
En la misma entrevista explicó que, después de la invasión alemana a Rusia en 1941, se produjo un acuerdo para liberar a los polacos que estaban prisioneros en los montes Urales y conformar un ejército que combatiera contra las tropas alemanas.
«Hacemos un pacto con Rusia. En 1941, Hitler invade Rusia, Alemania avanza. De Polonia fuimos a Inglaterra, de Inglaterra a Rusia. Hicimos pacto con el gobierno soviético para que libere a todos los polacos presos en los montes Urales. Y se formó el ejército polaco en Rusia para combatir contra los alemanes».
La situación de los soldados era extremadamente difícil.
«No teníamos ni comida. Rusia no podía mantener ese ejército. Nuestro comandante nos envió a Persia, cruzando por el mar Caspio. Nos incorporamos así al ejército aliado».
A partir de entonces, Trembecki participó en distintos frentes de combate en Europa. Entre sus recuerdos más dolorosos estaba la batalla de Montecassino, en Italia.
«Combatimos en casi todos los frentes en Europa. La batalla más grande fue la de Montecassino. No había allí un pedazo de tierra donde no hubiera un pedazo de plomo, o de una bala, o el resto de una bomba».
También recordó la magnitud del ejército polaco incorporado a las fuerzas aliadas y la difícil situación de sus compatriotas que permanecían prisioneros en territorio ruso.
«Nos adiestramos bien, nos mandaron al primer frente, al norte de Italia, 200.000 soldados. Medio millón de polacos había presos en Rusia, en verdaderos campos de concentración. Este ejército de polacos incorporados a los aliados, venció a los alemanes. Abrimos camino hacia Roma hasta terminar la guerra en el año 1945».
Sin embargo, el final de la guerra no significó para él la posibilidad de regresar a su tierra.
«Decidimos no volver a Polonia porque Inglaterra y Norteamérica nos vendieron a Rusia. Nos desparramamos por todo el mundo. Más de 10.000 a la Argentina, otros a Australia o a Canadá».
En esa respuesta dejó expresado uno de los sentimientos que lo acompañarían durante toda su vida:
«Siento una obligación muy grande de devolver a la Argentina lo que hizo por mí y por todos nosotros. Pero más que nada me siento obligado con todas las colectividades y lucho por la unión de todas».
Argentina, el país que les abrió las puertas
La llegada de Trembecki a nuestro país fue posible a través de gestiones realizadas por el comando polaco ante el gobierno argentino.
En la entrevista recordó que había viajado en un barco inglés que había sido utilizado como carguero durante la guerra y posteriormente acondicionado para el traslado de pasajeros.
«Nuestro comando pidió al gobierno argentino si no podía recibirnos y se hicieron los trámites por intermedio del consulado argentino en Italia».
Su llegada a la Argentina tuvo una particularidad:
Micieslao ya estaba casado con María Alimenti Bronci, una mujer italiana con quien había contraído matrimonio en 1947. Había vivido varios años en Italia y esa experiencia le permitió adaptarse con mayor facilidad a su nuevo destino.
«Por eso no me resultó difícil aprender el idioma ni adaptarme a las costumbres de acá, aunque es mucho más fácil acostumbrarse al calor que al frío».
En Argentina encontró la posibilidad de reconstruir su vida. Y Crespo se convirtió en el lugar donde echaría raíces, formaría su familia y desarrollaría una actividad empresarial que tendría continuidad a través de sus hijos.

Micieslao Trembecki y su esposa fue María Alimenti Bronci
De un servicio técnico de heladeras a una industria con proyección nacional
En Crespo, Micieslao comenzó trabajando en el rubro de la refrigeración. Su conocimiento técnico y su capacidad para desarrollar soluciones le permitieron convertirse, al poco tiempo, en el único servicio técnico de heladeras a kerosene de la región.
Más adelante abrió junto a sus hijos un comercio dedicado a la venta de artículos para el hogar.
El crecimiento de la actividad familiar y las necesidades que fueron detectando en el mercado los llevaron a dar un nuevo paso: comenzar a fabricar máquinas destinadas a la conservación de hielo y de productos alimenticios.
Aquella iniciativa se transformó en una actividad industrial que logró abastecer a distintas regiones del país, incluso a localidades muy alejadas.
El emprendimiento que Micieslao había iniciado en Crespo continuó creciendo. Sus hijos siguieron adelante con la empresa familiar y se convirtieron en referentes de la industria del frío (MTH), con fabricación de productos para los segmentos comercial e industrial y proyección nacional e internacional.
Así, aquel inmigrante que había llegado a la Argentina después de atravesar una guerra y abandonar su tierra natal logró construir, desde una pequeña ciudad entrerriana, un proyecto productivo que trascendió las fronteras de la región.

Su compromiso con las colectividades y el nacimiento de una agrupación
Pero la actividad empresarial no fue la única huella que Trembecki dejó en la comunidad.
Su compromiso con la unión de los inmigrantes y sus descendientes fue una constante. De hecho, la visita de Juan Pablo II a Paraná constituyó un impulso importante para organizar y reunir a las distintas colectividades.
Por aquellos años, Trembecki promovió la creación de una agrupación que permitiera coordinar la participación de las comunidades de diferentes nacionalidades en las actividades vinculadas con la llegada del Santo Padre.
La elección del tema de la homilía, dedicada al mundo de los inmigrantes, y la posibilidad de que sus representantes fueran recibidos por el Papa generaron un espacio de encuentro y organización.
De esas reuniones nació la Agrupación de Colectividades, que posteriormente comenzó a desarrollar la Fiesta del Inmigrante en Paraná.
Con el paso del tiempo, aquella tarea de integración adquirió un reconocimiento especial: la Federación de Colectividades lleva el nombre de Micieslao Trembecki, como homenaje a quien fue uno de sus impulsores y defensores de la unión entre las comunidades.
No se trataba solamente de conservar las tradiciones de cada país. Para Trembecki, el desafío era lograr que todas las colectividades pudieran encontrarse, compartir sus raíces y trabajar juntas.
En la entrevista de los años noventa, cuando le preguntaron cuál era la idiosincrasia del pueblo polaco, respondió con una definición contundente:

También dejó su huella en la historia de Crespo
Su compromiso comunitario también tuvo una expresión muy importante en nuestra ciudad.
En 1988, cuando Crespo celebró su centenario, Trembecki fue un activo colaborador de los festejos. Participó junto a integrantes de las distintas colectividades que se sumaron a la celebración y fue uno de los impulsores de la formación de un grupo de trabajo que permitiera reunirlas y darles participación en la vida cultural de la comunidad.
Como representante de la colectividad polaca, promovió iniciativas destinadas a mantener viva la memoria de los inmigrantes y reconocer el aporte de sus descendientes al crecimiento de Crespo.
Una de ellas fue la creación de un espacio público que llevara el nombre de su patria de origen.
En 1991, por intermedio de la colectividad polaca, presentó un proyecto para que nuestra ciudad contara con una «Plazoleta Polonia».
La propuesta fue aprobada por el Honorable Concejo Deliberante mediante la Ordenanza Nº 05/92, sancionada el 11 de febrero de 1992.
En los considerandos de la norma se fundamentó que la denominación constituía un homenaje no solamente a los descendientes de polacos residentes en Crespo, sino también a una nación hermana, madre patria de muchos habitantes de nuestro país.
El artículo primero estableció:
Ese espacio público, cuya ubicación actual corresponde a la intersección de avenida Humberto Seri y Tratado del Pilar, permanece como un reconocimiento a la comunidad polaca y a su aporte a la historia de Crespo.
La guerra, un recuerdo que nunca pudo olvidar
A pesar de haber reconstruido su vida, formado una familia y alcanzado importantes logros en Argentina, las experiencias vividas durante la Segunda Guerra Mundial permanecieron siempre en su memoria.
En aquella entrevista periodística de la década de 1990 también le preguntaron si había logrado reencontrarse con sus familiares en Polonia.
Su respuesta permitió conocer otro capítulo íntimo de su historia:
También le preguntaron qué recuerdos conservaba de su infancia y de los juegos en su aldea polaca.
Contó que allí no jugaban a la pelota como en Argentina. Durante los inviernos practicaban esquí y, cuando llegaba el momento, iban al bosque a juntar frutillas y hongos para alimentarse.
Pero hubo una pregunta que lo llevó nuevamente a los años de la guerra. ¿Qué recuerdo o anécdota le había quedado grabado, por lo triste o por lo alegre?
Su respuesta fue breve, pero reflejó una herida que nunca terminó de cerrar:

Invasión de Polonia, otoño de 1939 | Enciclopedia del Holocausto
Un legado que sigue presente
Micieslao Trembecki falleció el 1 de julio de 1995. Su esposa fue María Alimenti Bronci.
Había llegado a la Argentina buscando un lugar donde vivir en libertad, después de haber conocido la persecución, la guerra y el desarraigo. En Crespo encontró mucho más que un destino: construyó una familia, desarrolló una actividad industrial, se integró a la comunidad y trabajó para que las distintas colectividades pudieran unirse y mantener vivas sus raíces.
Su historia también quedó ligada a Paraná, donde tuvo aquel encuentro con Juan Pablo II durante la celebración dedicada a los inmigrantes.
Hoy, cuando faltan pocos días para que el papa León XIV llegue nuevamente a la Argentina, aquel episodio de 1987 adquiere una actualidad especial.
La visita de un Pontífice vuelve a poner en primer plano la relación entre la Iglesia, los pueblos y las comunidades. Y para Crespo representa una oportunidad para recordar que, en la historia de la ciudad, hubo un hombre que tuvo el privilegio de estrecharse en un abrazo con el Papa de su misma nacionalidad.
Quizás nunca sepamos qué se dijeron en aquellos segundos. Tal vez fueron unas pocas palabras en polaco, un saludo, un recuerdo de la patria o simplemente la emoción de encontrarse con alguien que compartía sus raíces.
Lo cierto es que aquel abrazo quedó como una imagen cargada de simbolismo: el de dos hombres nacidos en Polonia, cuyas vidas tomaron caminos diferentes, pero que durante unos instantes volvieron a encontrarse en la tierra que había visto nacer a ambos.
Y mientras el mundo se prepara para recibir al papa León XIV, Crespo tiene una historia propia para recordar: la de Micieslao Trembecki, el polaco que llegó después de la guerra, eligió nuestra ciudad para vivir y dejó una huella que todavía merece ser contada.
Nota: Las declaraciones de Micieslao Trembecki reproducidas en esta crónica fueron tomadas de un recorte periodístico de la década de 1990, facilitado a Estación Plus Crespo por integrantes de su familia. La conservación de ese testimonio permite recuperar, en primera persona, la historia de un inmigrante que fue protagonista de importantes acontecimientos y dejó un legado en nuestra comunidad.


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